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Exposición colectiva Exposición Internacional de Barcelona

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Comentario sobre Exposición Internacional de Barcelona



La gestación de la Exposición Internacional de Barcelona tuvo lugar en el primer decenio del siglo XX, cuando Josep Puig i Cadafalch promovía la realización de un certamen internacional en la capital catalana. Pronto se verían las posibilidades de éxito de una exposición dedicada a las industrias eléctricas, que empezaría a tomar cuerpo contando con el apoyo de varios agentes, desde industriales y políticos hasta empresarios e instituciones como Foment del Treball. El estallido de la Primera Guerra Mundial paró la celebración. A pesar de esta situación, se encargó a los arquitectos Puig i Cadafalch y Guillem Busquets el plan urbanístico del recinto, que, después de varias propuestas, estaría en la montaña de Montjuic. La decisión del emplazamiento comportó el abandono definitivo de convertir la plaza de las Glorias en el centro activo de la ciudad, como también se perdía la oportunidad de crear un gran parque en los márgenes del río Besòs, algo que había previsto Ildefonso Cerdà cuando redactó el Plan del Eixample. El escenario de la futura exposición tomaba cuerpo con la construcción de los primeros palacios, que entrarían en funcionamiento en 1922. La llegada de la dictadura en España el año siguiente significó un aplazamiento y un cambio de directrices Las obras continuaron cuando la exposición se convirtió en una razón de estado y se decidió que fuese un referente propagandístico nacional del progreso y la modernidad ante el resto de países.

Cuando el 19 de mayo de 1929 se inauguró oficialmente la exposición, se pudo apreciar su alcance y significado. La ciudad había vivido una renovación urbana que, entre otras, dejaba como legado el aderezo del barrio Gótico, el acabamiento de la Plaça Catalunya, el soterramiento del tren en Sarriá a su paso por el Eixample, calles asfaltadas y con nuevo alumbrado, el funcionamiento de las primeras líneas de metro y la remodelación de la Estación de Francia. Se ampliaba la oferta de plazas hoteleras, puesto que a los ya existentes hoteles Oriente, Ritz o Colón se añadían los establecimientos erigidos por Nicolau M. Rubió en la plaza España, ante el acceso principal de la exposición. Al mismo tiempo, se pusieron al alcance de los visitantes nuevos atractivos de ocio, a los que se le sumaron los espectáculos de un Paralelo efervescente. También se aprovecharon algunas de las antiguas canteras de Montjuic para construir el Teatre Grec o un pequeño parque de atracciones con montaña rusa que no pretendía hacer pendant al del Tibidabo. Los organizadores de la exposición también dieron un impulso a los actos deportivos, con pistas de tenis, piscina y sobre todo el estadio, que alojaba competiciones de atletismo o partidos de fútbol. Pero el papel más importante lo jugaría el recinto de la exposición, un espectáculo en si mismo. A la monumentalidad de palacios y pabellones oficiales, se añadió la radical modernidad del pabellón alemán de Mies van der Rohe (un mito de la arquitectura del siglo XX, que se destruyó después de la Exposición y cuya réplica se inauguró en 1986) y el paisajismo, uno de los otros atractivos del recinto. Entre Jean-Claude Nicolas Forestier y Nicolau M. Rubió i Tudurí se proyectaron nuevos espacios ajardinados, zonas de reposo y de paseo, de las que destacaba el parque del Laribal y los jardines de Miramar, que transformaron la montaña en un auténtico parque urbano. El toque final, probablemente el más alabado por los visitantes, lo daban los juegos de agua y luz, especialmente al eje principal formato por la avenida de Maria Cristina y las escaleras de acceso al Palacio Nacional y a la plaza del Universo. Diseñados bajo la dirección de Carles Buigas, destacaba poderosamente la fuente monumental, un gran surtidor que alojaba los chorros de agua con un innovador sistema que los iluminaba, con colores cambiantes según las...

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La gestación de la Exposición Internacional de Barcelona tuvo lugar en el primer decenio del siglo XX, cuando Josep Puig i Cadafalch promovía la realización de un certamen internacional en la capital catalana. Pronto se verían las posibilidades de éxito de una exposición dedicada a las industrias eléctricas, que empezaría a tomar cuerpo contando con el apoyo de varios agentes, desde industriales y políticos hasta empresarios e instituciones como Foment del Treball. El estallido de la Primera Guerra Mundial paró la celebración. A pesar de esta situación, se encargó a los arquitectos Puig i Cadafalch y Guillem Busquets el plan urbanístico del recinto, que, después de varias propuestas, estaría en la montaña de Montjuic. La decisión del emplazamiento comportó el abandono definitivo de convertir la plaza de las Glorias en el centro activo de la ciudad, como también se perdía la oportunidad de crear un gran parque en los márgenes del río Besòs, algo que había previsto Ildefonso Cerdà cuando redactó el Plan del Eixample. El escenario de la futura exposición tomaba cuerpo con la construcción de los primeros palacios, que entrarían en funcionamiento en 1922. La llegada de la dictadura en España el año siguiente significó un aplazamiento y un cambio de directrices Las obras continuaron cuando la exposición se convirtió en una razón de estado y se decidió que fuese un referente propagandístico nacional del progreso y la modernidad ante el resto de países.

Cuando el 19 de mayo de 1929 se inauguró oficialmente la exposición, se pudo apreciar su alcance y significado. La ciudad había vivido una renovación urbana que, entre otras, dejaba como legado el aderezo del barrio Gótico, el acabamiento de la Plaça Catalunya, el soterramiento del tren en Sarriá a su paso por el Eixample, calles asfaltadas y con nuevo alumbrado, el funcionamiento de las primeras líneas de metro y la remodelación de la Estación de Francia. Se ampliaba la oferta de plazas hoteleras, puesto que a los ya existentes hoteles Oriente, Ritz o Colón se añadían los establecimientos erigidos por Nicolau M. Rubió en la plaza España, ante el acceso principal de la exposición. Al mismo tiempo, se pusieron al alcance de los visitantes nuevos atractivos de ocio, a los que se le sumaron los espectáculos de un Paralelo efervescente. También se aprovecharon algunas de las antiguas canteras de Montjuic para construir el Teatre Grec o un pequeño parque de atracciones con montaña rusa que no pretendía hacer pendant al del Tibidabo. Los organizadores de la exposición también dieron un impulso a los actos deportivos, con pistas de tenis, piscina y sobre todo el estadio, que alojaba competiciones de atletismo o partidos de fútbol. Pero el papel más importante lo jugaría el recinto de la exposición, un espectáculo en si mismo. A la monumentalidad de palacios y pabellones oficiales, se añadió la radical modernidad del pabellón alemán de Mies van der Rohe (un mito de la arquitectura del siglo XX, que se destruyó después de la Exposición y cuya réplica se inauguró en 1986) y el paisajismo, uno de los otros atractivos del recinto. Entre Jean-Claude Nicolas Forestier y Nicolau M. Rubió i Tudurí se proyectaron nuevos espacios ajardinados, zonas de reposo y de paseo, de las que destacaba el parque del Laribal y los jardines de Miramar, que transformaron la montaña en un auténtico parque urbano. El toque final, probablemente el más alabado por los visitantes, lo daban los juegos de agua y luz, especialmente al eje principal formato por la avenida de Maria Cristina y las escaleras de acceso al Palacio Nacional y a la plaza del Universo. Diseñados bajo la dirección de Carles Buigas, destacaba poderosamente la fuente monumental, un gran surtidor que alojaba los chorros de agua con un innovador sistema que los iluminaba, con colores cambiantes según las diferentes figuras que el agua creaba. Con todo lo dicho, queda claro que la celebración de la Exposición Internacional dejó una intensísima huella en la imagen de Barcelona.

La presencia del arte en este acontecimiento fue importante, a pesar de que no fuera el apartado más comentado ni actualmente recordado. El Palacio Nacional acogió la muestra “El Arte en España”, la cual reunió casi 5.000 piezas repartidas en cuarenta y siete salas (llaman la atención los quince cuadros de historia que se colgaron para explicar -a modo de guía- las diferentes épocas de los objetos expuestos, como también las salas especiales dedicadas a artistas vivos: Zuloaga, Anglada-Camarasa, Benedito y Álvarez de Sotomayor). Aparte del Palacio Nacional, se erigieron el Palacio de Arte Moderno y el Palacio de las Artes Decorativas. En cuanto al primero, su misión era completar el relato del arte español que en el Palacio Nacional sólo llegaba hasta el Romanticismo (la elección de artistas fue bastante arbitraria y desigual, en cuanto a calidad se refiere). Finalmente, hay que destacar la existencia del Pabellón de Artistas Reunidos, impulsado del Fomento de las Artes Decorativas, diseñado por Jaume Mestres Fossas y planteado y dirigido por Santiago Marco. Todo él, por sí mismo, conforma uno de los capítulos más representativos del arte déco en Cataluña.

(c) TVE. "Moments. L'exposició de 1929" (02-02-2014) [català]

(c) TVE. "Moments. L'exposició de 1929" (02-02-2014) [català]

(c) TVE. "Moments. L'exposició de 1929" (02-02-2014) [català]

Datos de la actividad

Tipo de actividad
exposición colectiva
Lugar
AVINGUDA DE LA REINA MARIA CRISTINA
Día (celebración / inauguración)
Fecha inicial
Fecha final
El tiempo en Barcelona
El tiempo - Tutiempo.net
Artistas vinculados
Fernando ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR,
Hermen ANGLADA CAMARASA,
Ricardo BAROJA,
Manuel BENEDITO,
Domènec CARLES,
Enric CASANOVAS,
Agapit CASAS ABARCA,
Eduardo CHICHARRO,
Feliu ELIAS Apa*,
Ángel FERRANT,
Enric GALWEY,
Pablo GARGALLO,
Josep GRANYER,
José GUTIÉRREZ SOLANA,
Manuel HUMBERT,
Francesc LABARTA,
Josep LLORENS ARTIGAS,
Salvador MARTORELL,
Lluís MASRIERA,
Jaume MERCADÉ,
Joaquim MIR,
Josep OBIOLS,
Josep OLIVET LEGARES,
Antonio ORTIZ ECHAGÜE,
Cecilio PLA,
Santiago RUSIÑOL,
Rafael SOLANIC,
Josep Maria TAMBURINI,
Joaquim TERRUELLA,
Josep de TOGORES,
Joaquim VANCELLS,
Daniel VÁZQUEZ DÍAZ,
Carlos VÁZQUEZ,
Ricardo VERDUGO LANDI,
Valentín de ZUBIAURRE,
Ramón de ZUBIAURRE,
Ignacio ZULOAGA.

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