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Romà VALLÈS (Barcelona, 1923, 2015), vida, historia, hechos.

Artistas

Ficha de Romà VALLÈS (Barcelona, 1923, 2015)

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datos básicos de Romà VALLÈS

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Biografía:



Una vez adquirió en la Llotja una mínima suficiencia técnica, Romào Vallès inició un voluntarioso proceso para desprenderse de todas las rémoras academicistas, a la vez que entraba de profesor de dibujo al Instituto Fernando Casablancas de Sabadell (1952) y empezaba a arraigar con fuerza su interés por el arte infantil y la pedagogía (el año siguiente se hizo miembro de la International Society for Education throug Art). El primer viaje a París en 1954, como no, fue revelador y el año siguiente hizo su primera pintura abstracta al óleo. Pero fue en 1956 cuando encontró los medios adecuados para realizar lo que él pretendía, mezclando gomas arábigas y pigmentos o pegamentos con serrines y tiza. Fue el inicio de la serie “Cosmogonías”, un “tipo de caos primigenio”, del que Vallès se sirvió para desarrollar toda su obra posterior. Paralelamente a este quehacer artístico, siguió con su afán de hacer valorar el arte de los más pequeños, organizando ese mismo año una importante manifestación de arte infantil en la capilla del Antiguo Hospital de la Santa Creu de Barcelona.

En 1960, a base de premios, fue el año de su consagración: ganó un galardón en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid (un bastión del conservadurismo, que con este reconocimiento parecía abrirse), el I Premio Granollers y el Premio Suizo de Pintura Abstracta de Lausana (en el futuro vendrían más, como el de la Exposición Sureste de Murcia de 1961; el del Certamen Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1963; el de la II Bienal de Pintura de Zamora de 1973; los del Ars Inter de Marsella y Aix-en-Provence de 1982; el del Premio de Pintura “Juan Ramón Masoliver” de Montcada i Reixac -1999- o el del I Premio “Torres García” de Mataró, de 2005). Las exposiciones empezaron a sucederse. De estas, habría que destacar probablemente las primeras individuales en París (1969) y en Londres (1974); las antológicas enl Museo Provincial de Teruel (1989), la Sala CAI Luzán de Zaragoza (1996), el Museo Diocesano de Barcelona (1998), la Sala Municipal de Alcañiz (2001), el Castillo de Benedormiens de Castell d'Aro (2003) o el Castillo de Valderrobles (2007), más su inclusión en exposiciones de tesis importantes, como la que se vio en 1990 en el Centro de Arte Santa Mònica, titulada “Informalismo en Cataluña”. Hasta aquí, un breve resumen de su currículum. En cuanto a su obra, Vallès la organizó desde un principio en series, como si siempre quisiera agotar los temas por sistema. La primera de ellas fue “Cosmogonías”, un tipo de magma cósmico (pero sobre todo pictórico), que fue cogiendo diferentes formas y colores desde 1956 hasta 1964 y que se canalizó en una serie de subseries dichas “Negra” (los cuadros se volvieron oscuros y aquel gesto se convirtió en la nota dominante), “Blanca” (se desarrolló a lo largo de 1960, siendo breve e intensa), “Monocromo” (un paso intermedio –producido en 1961- hacia la siguiente etapa) y “Color” (el momento cuando Vallès se relajó y se mostró más libre pintando). En 1964, inició su serie de collages, donde la pintura continuó teniendo un peso destacado y la fragmentación –visible en todos ellos- podría interpretarse como una metáfora del propio descalabro del mundo real. Instalado en 1968 en su nuevo estudio de Teià, se sintió atraído por la geometría, a pesar de que para Corredor-Matheos, “el Cosmos continúa siendo su obra y esta geometría sólo actúa de “filtro”. Siguiendo con este particular juego dialéctico, en 1970 Vallès comenzó la serie “Biomorfismes”, caracterizada por unas formas orgánicas (ojos, mariposas) que acabaron derivando en las “Floraciones” de 1972 y 1973, capaces de transmitir una joie de vivre altamente contagiosa. Después de este festival de color, Vallès se impuso una reflexión sobre el medio a través de la serie “Nuevos...

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Una vez adquirió en la Llotja una mínima suficiencia técnica, Romào Vallès inició un voluntarioso proceso para desprenderse de todas las rémoras academicistas, a la vez que entraba de profesor de dibujo al Instituto Fernando Casablancas de Sabadell (1952) y empezaba a arraigar con fuerza su interés por el arte infantil y la pedagogía (el año siguiente se hizo miembro de la International Society for Education throug Art). El primer viaje a París en 1954, como no, fue revelador y el año siguiente hizo su primera pintura abstracta al óleo. Pero fue en 1956 cuando encontró los medios adecuados para realizar lo que él pretendía, mezclando gomas arábigas y pigmentos o pegamentos con serrines y tiza. Fue el inicio de la serie “Cosmogonías”, un “tipo de caos primigenio”, del que Vallès se sirvió para desarrollar toda su obra posterior. Paralelamente a este quehacer artístico, siguió con su afán de hacer valorar el arte de los más pequeños, organizando ese mismo año una importante manifestación de arte infantil en la capilla del Antiguo Hospital de la Santa Creu de Barcelona.

En 1960, a base de premios, fue el año de su consagración: ganó un galardón en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid (un bastión del conservadurismo, que con este reconocimiento parecía abrirse), el I Premio Granollers y el Premio Suizo de Pintura Abstracta de Lausana (en el futuro vendrían más, como el de la Exposición Sureste de Murcia de 1961; el del Certamen Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1963; el de la II Bienal de Pintura de Zamora de 1973; los del Ars Inter de Marsella y Aix-en-Provence de 1982; el del Premio de Pintura “Juan Ramón Masoliver” de Montcada i Reixac -1999- o el del I Premio “Torres García” de Mataró, de 2005). Las exposiciones empezaron a sucederse. De estas, habría que destacar probablemente las primeras individuales en París (1969) y en Londres (1974); las antológicas enl Museo Provincial de Teruel (1989), la Sala CAI Luzán de Zaragoza (1996), el Museo Diocesano de Barcelona (1998), la Sala Municipal de Alcañiz (2001), el Castillo de Benedormiens de Castell d'Aro (2003) o el Castillo de Valderrobles (2007), más su inclusión en exposiciones de tesis importantes, como la que se vio en 1990 en el Centro de Arte Santa Mònica, titulada “Informalismo en Cataluña”. Hasta aquí, un breve resumen de su currículum. En cuanto a su obra, Vallès la organizó desde un principio en series, como si siempre quisiera agotar los temas por sistema. La primera de ellas fue “Cosmogonías”, un tipo de magma cósmico (pero sobre todo pictórico), que fue cogiendo diferentes formas y colores desde 1956 hasta 1964 y que se canalizó en una serie de subseries dichas “Negra” (los cuadros se volvieron oscuros y aquel gesto se convirtió en la nota dominante), “Blanca” (se desarrolló a lo largo de 1960, siendo breve e intensa), “Monocromo” (un paso intermedio –producido en 1961- hacia la siguiente etapa) y “Color” (el momento cuando Vallès se relajó y se mostró más libre pintando). En 1964, inició su serie de collages, donde la pintura continuó teniendo un peso destacado y la fragmentación –visible en todos ellos- podría interpretarse como una metáfora del propio descalabro del mundo real. Instalado en 1968 en su nuevo estudio de Teià, se sintió atraído por la geometría, a pesar de que para Corredor-Matheos, “el Cosmos continúa siendo su obra y esta geometría sólo actúa de “filtro”. Siguiendo con este particular juego dialéctico, en 1970 Vallès comenzó la serie “Biomorfismes”, caracterizada por unas formas orgánicas (ojos, mariposas) que acabaron derivando en las “Floraciones” de 1972 y 1973, capaces de transmitir una joie de vivre altamente contagiosa. Después de este festival de color, Vallès se impuso una reflexión sobre el medio a través de la serie “Nuevos conceptos”, donde demostró tener muchas ganas de romper el plan pictórico mediante el uso de varios materiales y pintando un coche si hacía falta (Exposición de MAN de 1974). Con la siguiente serie, intitulada “Cuatro elementos” (1978-1982), jugó de nuevo a la antinomia, presentándose como una reacción al conceptualismo de la anterior: ya fuera con la tierra, el agua, el aire o el fuego, había que recuperar aquello primigenio y Vallès lo intenta, invocándolos a través de largas y chorreantes pinceladas que, en la siguiente serie (“Signos”), se volvieron artificiosas y flotantes, habitualmente sobre un fondo neutro. ¿El significado? Quién sabe, lo que sí que está claro es que en la serie entrante (“Nuevos espacios), Vallès hizo un nuevo giro copernicano y convirtió el espacio del fondo de los cuadros, en el elemento principal, gracias a la economía cromática y a la sensación que los trazos estaban suspendidos en el vacío (1987-1997). Progresivamente esto fue cambiando, el color volvió a revivir y llegó la serie “Entre siglos” (1998 – 2005), donde aquel magma primigenio de los años sesenta volvió a aflorar, creando una retahíla de expresivos piroclastos pictóricos. Las últimas dos series han sido “Heráclito” –donde parece que Vallès quiera resumir todo el que ha aprendido, a modo de legado, en un mundo donde todo va y viene y nada queda- y “Homenajes”, dedicada precisamente a aquellas personas de las que se puede aprender y que por este solo motivo, son dignos de todos los elogios.

En relación a su tarea docente y de investigación pedagógica, hay que anotar la presentación en 1957 de una ponencia en el Congreso Internacional de La Haya y el primer número de la revisa Rana de trabajos espontáneos de los alumnos del Instituto Fernando Casablancas; la obtención en 1961 de la cátedra de dibujo en este centro (acabaría siendo director, entre los años 1967 y 1979); la creación –junto con Alexandre Cirici y Antoni Cumella- de la Escuela de Arte del FAD (1959); su paso por la Escuela Massana (1965-1969) y la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona (1969 – 1984); la publicación de los libros “El arte y la educación de los niños” (1970) y “Los dibujos de Isabel” (1975), una colección de dibujos de su hija hechos durante sus primeros once años; las conferencias en la Galería Expoart de Girona (1987) y en la Escuela Municipal de Bellas artes de Rubí del Vallès (1992), bajo los títulos de “La educación por el arte, hoy” y “El niño y su creatividad”, respectivamente, o la ponencia que presentó en el III Congreso de Arte Infantil celebrado a la Universidad Complutense de Madrid (2004).

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