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Blog de Miquel-Àngel Codes Luna

Soy . Dirijo diderot! Arte y acciones artísticas. Este es un blog de crítica de arte que se puede hacer, que debo hacer.

Crítica a la no tan nueva sección de arte moderno del MNAC (ahora Museu Nacional) [3ª parte y última]

Una de les nuevas salas de la sección de arte moderno, durante la renovación.
Una de les nuevas salas de la sección de arte moderno, durante la renovación.

Contrariado el tratamiento de Nonell, me adentro en el tercer gran bloque de la sección de arte moderno: "Noucentisme(s)". En la primera sala titulada "Novecentismo y mediterraneismo" frunzo el ceño varias veces. Ciertamente, hablar de Novecentismo y estilo es espinoso, ya que esta corriente tiene más de espiritual y teórico que de fórmulas concretas. Sin embargo, la elección de obras de esta sala es puntualmente turbadora: "La pareja" (1904) de Gargallo podrá ser muchas cosas (por ejemplo "rodiniana"), pero de novecentista no en tiene nada (de la "Gran bacante" de los años treinta, hecha con hierro recortado y forjado, del mismo autor y colocada en la misma sala, sólo diré que no entiendo nada); sobre la tradicional inclusión de Torné Esquius en este apartado tanto en este museo como a los libros- tengo mis reservas (por más que Xènius le incluyera en el saco de los novecentistas) y en cuanto a la selección de obras de Josep Clarà , como decirlo, ¿de verdad que no había mejores obras?; más arquetípicas? Reducir la figura de Clarà a las esculturas elegidas actualmente, con la cantidad de obras que hay en Olot acumulando polvo, es algo fácilmente corregible. Junto a estos desaciertos, un regalo: una tela de Joan Junyer Pascual-Fibla, del que no sé nada, pero que su "Pastoral" me llama la atención por su cronología y arbitrariedad (nota de voz: investigar a fondo).

La siguiente sala recrea las "Galerías Laietanes" (todo ello me parece ideal, dar vueltas en ella es un placer, un perfecto paseo en el tiempo), a la que sigue la titulada "Vanguardia(-s), que me sorprende. No entiendo porque cuando es más fácil explicar y hacer una lectura de tipo sociológico (la que ha reinado en todas las salas que he visto hasta ahora), aquí se diluye. No comprendo como después de hacer múltiples alusiones a las fricciones entre burgueses y artistas, cuando se llega a las vanguardias, la gran bofetada de los segundos a los primeros, esta idea se difumina hasta no reconocerla. La presentación, además, es bastante lineal (inexplicable, con la riqueza conceptual implícita de este momento histórico) y con carencias.

La siguiente sala es "Realismo(s)" (con buenas obras de Domingo, Elías o Santos), para luego entrar en "Vida moderna: fotografía, cine, publicidad", donde se puede ver cómo se mezcla -sin previo aviso al visitante- la fotografía estrictamente publicitaria con la nueva fotografía. Evidentemente estaban relacionadas, pero añadir algún pequeño matiz no habría sobrado. Tampoco entiendo esta obsesión por dar protagonismo a dos autores catalanes que fueron a parar a Nueva York -como son Josep Alemany e Ismael Smith - y a la vez obviar otros artistas catalanes que retrataron la vida moderna con más insistencia. Supongo que todo el mundo está de acuerdo en que pintar el Riverside, por sí solo, no es algo interesante ni un motivo de suficiente peso para colgar un cuadro en un museo (segunda nota de voz: ¿por qué no hay ninguna obra de Miquel Villà?). Sobre "Arte Nuevo y Surrealismo(s)", "Vida moderna: experimentalismo y medios populares" y "Arte decorativo monumental", tal vez habría estado bien conseguir préstamos de otras instituciones y coleccionistas para reforzar estas secciones y lucieran más.

Nos adentramos en el cuarto gran bloque, "Arte y Guerra Civil", un acierto en toda regla, a pesar de que nos volvemos a topar con algunas obras que no pintan casi nada con el leitmotiv de la sección. El ejemplo más claro es el cuadro de Picasso ("Mujer con sombrero y cuello de piel", 1937) de lo que ignoro -hasta donde llega mi conocimiento- qué relación tiene con la Guerra Civil. Personalmente, este cuadro lo que me hace venir a la cabeza es el penoso agravio de los museos catalanes hacia el Reina Sofía y otros museos estatales, cuando el gobierno español recibe un cuadro importante en concepto de dación de impuestos y la mayoría terminan yendo a instituciones muy más cercanas a la Puerta del Sol que de la Plaza Cataluña. Este Picasso fue una excepción. Cuando lo vi por televisión, casi me saltan las lágrimas: "los milagros existen", pensé.

En cuanto al epílogo, poco que decir: se trata de una declaración de intenciones del futuro del museo, un aviso donde se informa que el Museo Nacional dirigirá también su mirada al arte de posguerra. De hecho, el museo ya ha hecho unas primeras acciones, polémicas, pero este no es el tema de esta crítica. Todo lo que sea recuperar una época menospreciada es una buena noticia.

Fin del trayecto. Ha sido una maratón de ver obras y de anotaciones. Llegar a unas conclusiones no me resulta una tarea fácil, pero allá voy:

- La nueva presentación tiene básicamente cinco cosas buenas: la ambición, las buenas intenciones, la inclusión de la fotografía y el cine, el descubrimiento de muchas obras que estaban escondidas y el poner en primer plano el arte vinculado a la Guerra Civil.

- Pero tiene otras características que deberían ser profundamente revisadas, según mi parecer:

1. No se debe confundir "presentación innovadora" con "descarga": es una tendencia que últimamente -y de manera inquietante- está arraigando. Te colgamos un montón de obras y ya te espavilarás, Sr. Espectador/a. No sería el caso exacto de esta presentación, pero sufre indirectamente de este mal. Hay algunas obras que se ven mal y no se puede aducir que se ha querido preservar la presentación centenaria heredada. Se ven mal porque se ha querido que se vean mal y eso me hace pensar en un "postureo" gratuito.

2. Hay que pensar en la gente : si optas por colgar 1.200 obras, crea picos narrativos, si no quieres matar de cansancio a todo el mundo. Es un recurso literario muy sencillo que se utiliza desde Gilgamesh hasta Moby Dick y que se ha demostrado altamente efectivo. Si no quieres nombres, héroes, si no quieres jerarquías, si sólo quieres que la gente mire y llegue a sus emociones o conclusiones, de acuerdo, no dictes, pero acompaña y anima, invita al placer y la reflexión (incluso a lo que provoque repulsión), pero con un ritmo bien marcado. Si no, acabarás creando una sección permanente de museo que sólo visitarán las escuelas (los pobrecitos alumnos cautivos) y turistas que necesitan rellenar sus horas muertas. Por otra parte, ocultar algunas obras de cabecera de algunos artistas (las mejores técnicamente hablando), para colocarse otras secundarias, es una apuesta tan y tan arriesgada que puedes salir perdiendo (y en esta remodelación, a veces, el museo pierde estrepitosamente la partida).

3. No se puede decir que se rompe con el manual académico del arte catalán y entonces sustituirlo por otro igualmente académico: en este caso, por uno que habla de la evolución del arte europeo entre los siglos XIX y XX en clave sociológica y que se sirve del arte catalán como relleno meramente ilustrativo. El arte catalán tiene suficientes elementos importantes y de interés y conexión internacionales (lo digo por los visitantes foráneos ... ¿dónde está el Paralelo de la I Guerra Mundial?) Para ser tratados de manera autónoma. Cataluña no fue en todo momento una sucursal provinciana de París y, aunque lo hubiera sido, también sería necesario que se explicara. Si se rompe con los manuales, se rompe con todos, si no, se pierde el sentido del cambio.

4. ¿El Museo Nacional de Arte de Cataluña es "nacional"? Una cosa es que a nivel de comunicación quieras aprovechar la marca "Barcelona" e intentar que la gente conozca la institución como el "Museo Nacional" de Barcelona (ningún problema); el otro, olvidarte que el museo es "nacional" y que por este motivo tienes que explicar a tus conciudadanos ya los foráneos el arte de la "nación" catalana: quien lo ha hecho, como se ha hecho, etc. No estoy hablando de barretinas y que "nuestro arte es el mejor", estoy hablando que si es un museo "nacional" debe explicar cuál es nuestro arte, lo que hemos hecho, tanto para saber nosotros de donde venimos artísticamente hablando como para presentarlo a los de fuera. Si no se hace así, se le quita la etiqueta de "nacional" y que sea lo que el equipo directivo quiera (es cuestión de definirse). Uno de los errores más repetidos de la nueva presentación es que varias salas son intercambiables con el fondo de cualquier museo occidental bien dotado. Considero que si lo que quieres es ilustrar conceptos, el formato de exposición de arte seguramente no es el más adecuado, existe el libro, por ejemplo. El otro es el centralismo barcelonés total y absoluto: Olot, Sitges, el Empordà, Gósol ... han desaparecido. Nadie se libra del centralismo, venga de Berlín, Madrid o Barcelona.

5. No puedes explicar algo y poner obras que no se ajustan al concepto desarrollado. Puede haber una nueva poética expositiva que lo justifique, pero a mí no me entusiasma. Es algo que despista al personal.

6. Creo que si esta nueva presentación no generó ningún tipo de polémica -a diferencia de "Del segundo origen. Artes en Cataluña 1950-1977 " (la muestra comisariada por Valentín Roma en este mismo museo, que debía ser la primera gran muestra del arte de posguerra)- es básicamente para que los implicados (los artistas) están muertos y porque mucha gente reduce el arte del siglo XIX y parte del XX en la parte más amable y gozosa de la pintura modernista. Sin embargo, que no se hable en los medios, no significa que haya que revisar cosas (me sorprendió muchísimo que una reforma tan ambiciosa no generara una crítica positiva o negativa a fondo, la mayoría de artículos que salieron del momento eran un collage del dossier de prensa ... falta urgentemente una plataforma común donde se puedan publicar artículos de esta índole).

En resumen, nos podemos librar de las malévolas etiquetas y apostar por una lectura abierta, casi lírica, pero en una exposición permanente de museo debes seducir, provocar e imaginar dentro un marco pedagógico claro y riguroso (ya se tienen las muestras temporales para jugar y re-pensar). Un reto tan difícil, como maravilloso de hacer. En este caso, ha faltado investigación, trabajar mucho más el relato, sus acotaciones, ha habido -en definitiva- precipitación ... nada que no se pueda arreglar afortunadamente.

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