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Blog de Miquel-Àngel Codes Luna

Soy . Dirijo diderot! Arte y acciones artísticas. Este es un blog de crítica de arte que se puede hacer, que debo hacer.

Wertíadas (I): una escapada a París muy rara


Pasó alrededor de la primavera de 2015, en una de las escenas seguramente más típicas entre la gente del “sector” cultural.

- “¿Sabes la última polémica de Wert?, me dice mi amiga.

- “No. ¿Qué ha hecho?”, le contesto.

- “Pues que se ha ido con su pareja a París en un viaje privado y ha usado el Colegio de España”.

Enseguida me di cuenta que aquella no era una noticia cualquiera. Rápidamente, noté que se abrían un montón de incógnitas y que los razonamientos sencillos, los del sentido común más elemental, no servirían para explicar(me) nada.

¿Por qué un señor ministro y su pareja, pudiendo ir a un buen hotel, optaban por irse a una residencia de estudiantes? Esta era la pregunta. Por más vueltas que le diera, ninguna tentativa de responderla me satisfacía. Tenía que ser frío, pensar, aplicar un método. Probaría con el silogismo aristotélico. Primera proposición: “París es caro”; segunda proposición: “los ministros españoles cobran poco”; conclusión: “los ministros españoles cobran poco, por lo que no se pueden permitir viajar a París porque es caro”. Si las dos proposiciones eran verdaderas, la conclusión –es decir, “Wert utilizó unas dependencias del gobierno para hospedarse gratuitamente o de manera muy barata porque París es caro y él cobraba poco”- nunca sería falsa. Y, echando un primer vistazo, intuía que, sin ser categóricamente falsas, sí que eran bastante discutibles. Decidí que probaría con las matemáticas.

El Sr. Wert, por su cargo de ministro, cobraba 68.981 euros al año. Opté por olvidarme de los complementos. Entonces pensé que quizás él era muy orgulloso y que no aceptaba que su pareja -17 veces más rica que él- le pagase nada (en 2012, Wert tenía un patrimonio declarado de 851.522 €, mientras que Montserrat Gomendio de 14.588.581 euros). Pensé –de manera absolutamente arbitraria y desde la ignorancia- que el fisco se le quedaba un 40 %. Pensé que quizás ahorraba una tercera parte de lo que le quedaba, para cuando las cosas fueran mal si el Partido Popular dejaba el poder. Pensé todo esto. Al Sr. Wert le quedaban cerca de 2.300 euros al mes para distribuir entre necesidades básicas y ocio. Seguidamente, tocaba investigar qué valían dos noches de un fin de semana –en una habitación doble con desayuno incluido- en un hotel de cinco estrellas en el centro de París, por ejemplo el Hôtel Le Meurice (sí, el de la habitación 106, donde Alfonso XIII mataba el tiempo durante el exilio y Salvador Dalí montaba sus saraos con gente rara a ojos del establishment). Por 2.000 € era suya, tuya. En resumen, entre los dos y, quizás arañando un poco de los ahorros, se podían permitir un fin de semana en París en un hotel más que correcto. Quedaba descartado, pues, que fuesen al Colegio de España por falta de dinero.

Otra hipótesis: la pareja tenía dinero, pero no les gustaba soltar la mosca. Erróneo: si lo que querían era ahorrarse unos dineros, podían haber pedido al embajador español en París que les dejara una habitación en su lujosa residencia. Se trata del Hôtel Wagram, un palacete ubicado en el nº 15 de la Avenue George V, que el Estado Español adquirió en 1920 por cinco millones de francos (una fortuna en aquella época). Después de unas reformas, el palacete fue decorado de nuevo con la participación de Josep Maria Sert y Mariano Benlliure, más la cesión de un buen número de obras provenientes del Patrimonio Real, como los tapices de Goya que la Sra. Gomendio y el Sr. Wert habrían visto cada día al levantarse, si hubieran querido, claro está.

Pero no quisieron. Decidieron irse al Colegio de España. Tercera hipótesis: el Colegio de España no está tan mal y no dista mucho de las comodidades de un hotel de cinco estrellas en la rue de Rivoli o de la residencia del embajador. No. He vivido allí y sé de que me hablo, no es necesario dar más detalles. ¿Quizás el entorno? Difícil. El Colegio de España forma parte de la Cité Universitaire, un conjunto de residencias de estudiantes –muchas de ellas regidas por organismos nacionales de diferentes países- situada en el 14ème arrondissement, uno de los distritos con menos gracia de París. Si bien es cierto que dentro de la Cité te puedes encontrar ejemplos de la arquitectura de Le Corbusier (con el Pabellón Suizo y la Maison du Brésil) y que al salir te topas con el estadio Charléty (un lugar emblemático para los nostálgicos del mayo del 68, pese a que no quede nada del antiguo recinto), dudo muchísimo que fuesen el estímulo para que la pareja tomase la decisión que tomó. Ciertamente, me olvidaba que las famosas catacumbas y sus cráneos están a 20 minutos paseando, pero supongo que esto no cambia nada.

Sólo quedaba una explicación plausible: un enrevesado juego amoroso consistente en ponerse dentro de la piel de dos jóvenes estudiantes, menesterosos, locos de amor y de pasión, que van a París por primera vez y hacen noche en el Colegio de España. Vaya, como un juego de rol. Emularían el viaje en tren que hicieron tantos y tantos artistas durante la posguerra con la ilusión de sorber el néctar de la libertad creativa. Rememorarían, por ejemplo, la paliza que Chillida y Palazuelo infligieron a Jordi Anguera y Oriol Palà, cuando estos intentaron retirar la bandera española con los atributos franquistas que ondeaba en el Colegio durante la Garden Party de 1949 (según nos cuenta Xavier Valls en sus memorias y me cuenta a mí el colega Albert Mercadé). Se olvidarían de los fastos propios de los mandatarios y probarían los placeres reservados solamente a los estudiantes con pocos euros en la cartera. Así pues, se olvidarían de las exquisideces de Alain Ducasse en Le Meurice y se contentarían con adquirir un panecillo pequeño (eso sí, a la mejor boulangerie de París, la Du Pain et des Idées) con un corte de morbier y comérselo sentados en algún rincón bonito del Canal Saint-Martin. En lugar de usar los privilegios ministeriales y vaciar de barrigudos turistas Les Deux Magots y retozarse pensando que son Sartre y Simone de Beauvoir (brindando, obviamente, con una copa de champagne Louis Roederer Cristal), en lugar de eso, recorrerían la rue Mouffetard buscando bares con “happy hour” para después hacerse un “selfie” en la discutida y roída tumba de Jim Morrisson en el Père Lachaise. Y así hasta que el cuerpo aguantara.

Es la única explicación que se me ocurre. El ministro Wert no tenía ningún acto oficial aquel fin de semana. Si las cosas se hicieron bien, José Ignacio –el ciudadano- sólo podía acceder al Colegio si aportaba una pila de documentos, entre los cuales tenía que haber la carta de motivación. ¡Quién la pudiera leer!

ACTUALIZACIÓN (25-08-2015): Misterio resuelto. Suele pasar que cuando tienes toda la información, los misterios se desvanecen y aparece la cruda realidad. Una amistad que reside en el Colegio de España, me comenta que cuando Wert fue allí (13 y 14 de junio), Montserrat Gomendio hacía unas semanas que residía en la habitación 216 de la segunda planta (considerada por los residentes como la “suite”, ya que es una de las estancias más grandes y más bien amueblada). Por lo tanto, Wert simplemente habría visitado a su pareja (lo que no sabemos es si Montserrat pidió el permiso correspondiente y si Wert pagó el hospedaje). El factor amoroso, pues, todavía prevalece para comprender esta escapada a París.

Pero con esta información en la mano, las preguntas cambian y las respuestas aún inquietan más. Si Montserrat Gomendio dejó el pasado mes de mayo la Secretaría de Estado de Educación para irse a París y convertirse en la directora general adjunta de Educación de la OCDE, ¿por qué no se buscó un piso donde vivir como haría cualquiera? ¿Por qué se fue al Colegio de España y no a una pensión o a un hotel si ya no era trabajadora del ministerio? Mucho me temo que la respuesta esté en el hecho de que a final de julio Wert fue nombrado embajador de España en la OCDE (por en medio aprovecharon para casarse) y que por este cargo le corresponde un piso gratis en la Avenue Foch de la capital francesa. Si así fuera, se podría decir que desde el mes de mayo el ejecutivo de Rajoy y Wert estaban negociando una salida dorada para éste último teniendo como objetivo París y que lógicamente Montserrat no se iba a complicar la vida haciendo dos mudanzas: sólo tenía que esperar el OK de Moncloa e ir juntos hacia la residencia oficial.

Así es como el ministro peor valorado por los ciudadanos de la última legislatura, el mismo que quería hacer subir las notas de corte, ha conseguido su último trabajo (y piso). Meritocracia pura. A hacer másteres, se ha dicho.

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