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Joaquim MIR (Barcelona, 1873 - 1940), vida, historia, hechos.

Artistas

Ficha de Joaquim MIR (Barcelona, 1873 - 1940)

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datos básicos de Joaquim MIR

Vídeo (entrevista, reseña, noticia):

Imágenes inéditas de Joaquim Mir [sin audio]

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Biografía:



Joaquim Mir, de muy joven, ya estaba decidido a pintar y a ganarse un nombre como pintor. Para conseguirlo empezó a presentarse a algunos concursos y ganó sus primeros galardones como pintor, mientras ayudaba a su padre en el negocio familiar de representación de productos de mercería. En su tiempo libre, con sus amigos artistas Nonell, Pichot, Sunyer, Canals y Vallmitjana, pintaba los atardeceres anaranjados de las zonas suburbiales de la ciudad (Montjuïc, Sant Martí dels Provençals, Sant Andreu, Sant Genís dels Agudells), lo cual les valió el nombre de "Colla del Safrà" [Grupo del Azafrán]. Al mismo tiempo, todos ellos, abandonados los estudios en la Llotja, frecuentaban la taberna bohemia de Els Quatre Gats.

Intentó obtener una beca para ir a Roma pero no salió y, en lugar de ir a París como hacían todos sus compañeros, con el apoyo de su tío, el rico industrial Avelino Trinxet, y al lado del pintor Santiago Rusiñol, se fue a Mallorca a finales de 1899.

En la Isla de la Calma, Mir encontró unos paisajes casi inexplorados, salvajes, muy diferentes de los que había pintado en Olot, en los alrededores de Barcelona y en Tarragona. La constante visión del mar, el cielo y la tierra intensamente iluminados por la luz del sol lo llevó a analizar todas las variaciones de la luz, desde la madrugada hasta el atardecer, sin olvidar la difícil luz de la oscuridad del interior de las cuevas y barrancos donde pintaba o bien la de la noche sin luna. Sobre las telas, los colores eran matizados: desde los rosas, amarillos y ocres anaranjados hasta los azules, sienas y carmines pasando por toda la gama de grises que el pintor era capaz de elaborar en su paleta. Se puede afirmar que en Mallorca Mir encontró su lenguaje expresivo confiado únicamente a la riqueza del color, la fuerza y seguridad de la pincelada y la preferencia por el tratamiento de la tierra, sin figuras ni ornamentos. Esta obra, expuesta en la Sala Parés de Barcelona en 1901, supuso una sorpresa y un acontecimiento.

La intensa relación con una tierra fuertemente salvaje, especialmente el torrente de Pareis y la cala de Sa Calobra, donde Mir pintó telas extraordinarias, el aislamiento y posiblemente el poco cuidado que el pintor tenía de sí mismo, provocaron el fin de la estancia en la isla, determinada por un grave accidente que obligó a trasladar al pintor, primero a Barcelona y más tarde, para curarlo completamente, al instituto Pere Mata de Reus.

En 1907, completamente recuperado, el pintor ya había decidido que su terreno de trabajo era la naturaleza y no la ciudad, donde nunca más vivió. Del campo, su gente, la visión del paso del tiempo, las luces cambiantes, los huertos, los almendros floridos, los campos de avellanos, los habituales habitantes de los corrales, los cipreses y los campanarios de las iglesias y las ermitas de los pueblos, así como la diversidad de los colores de la tierra, los árboles y los matorrales pasaron a ser sus motivos preferentes. Un inmenso campo de estudio de los colores de los elementos naturales y de los cambios constantes de la luz se desarrolló de forma enérgica y apasionada en los lugares donde Mir vivió y pintó, así como en los paisajes catalanes que descubría para la pintura en las campañas pictóricas que organizaba. Primero, en el Camp de Tarragona, entre 1907 y 1914, vivió en los pueblos de Maspujols y L'Aleixar, desde donde pintó brevemente Montserrat por primera vez. En 1914 se trasladó al Vallès con su familia, donde vivió y trabajó en Mollet del Vallès y Caldes de Montbui hasta 1922, cuando a causa de su boda se estableció de forma definitiva en la villa costera de Vilanova i la Geltrú. Desde su magnífico domicilio, organizó salidas pictóricas a los lugares próximos, como Canyelles, Sant Pere de Ribes y Tarragona, y a lugares más lejanos y emblemáticos como el Montseny, Miravet d'Ebre, Montserrat...

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Joaquim Mir, de muy joven, ya estaba decidido a pintar y a ganarse un nombre como pintor. Para conseguirlo empezó a presentarse a algunos concursos y ganó sus primeros galardones como pintor, mientras ayudaba a su padre en el negocio familiar de representación de productos de mercería. En su tiempo libre, con sus amigos artistas Nonell, Pichot, Sunyer, Canals y Vallmitjana, pintaba los atardeceres anaranjados de las zonas suburbiales de la ciudad (Montjuïc, Sant Martí dels Provençals, Sant Andreu, Sant Genís dels Agudells), lo cual les valió el nombre de "Colla del Safrà" [Grupo del Azafrán]. Al mismo tiempo, todos ellos, abandonados los estudios en la Llotja, frecuentaban la taberna bohemia de Els Quatre Gats.

Intentó obtener una beca para ir a Roma pero no salió y, en lugar de ir a París como hacían todos sus compañeros, con el apoyo de su tío, el rico industrial Avelino Trinxet, y al lado del pintor Santiago Rusiñol, se fue a Mallorca a finales de 1899.

En la Isla de la Calma, Mir encontró unos paisajes casi inexplorados, salvajes, muy diferentes de los que había pintado en Olot, en los alrededores de Barcelona y en Tarragona. La constante visión del mar, el cielo y la tierra intensamente iluminados por la luz del sol lo llevó a analizar todas las variaciones de la luz, desde la madrugada hasta el atardecer, sin olvidar la difícil luz de la oscuridad del interior de las cuevas y barrancos donde pintaba o bien la de la noche sin luna. Sobre las telas, los colores eran matizados: desde los rosas, amarillos y ocres anaranjados hasta los azules, sienas y carmines pasando por toda la gama de grises que el pintor era capaz de elaborar en su paleta. Se puede afirmar que en Mallorca Mir encontró su lenguaje expresivo confiado únicamente a la riqueza del color, la fuerza y seguridad de la pincelada y la preferencia por el tratamiento de la tierra, sin figuras ni ornamentos. Esta obra, expuesta en la Sala Parés de Barcelona en 1901, supuso una sorpresa y un acontecimiento.

La intensa relación con una tierra fuertemente salvaje, especialmente el torrente de Pareis y la cala de Sa Calobra, donde Mir pintó telas extraordinarias, el aislamiento y posiblemente el poco cuidado que el pintor tenía de sí mismo, provocaron el fin de la estancia en la isla, determinada por un grave accidente que obligó a trasladar al pintor, primero a Barcelona y más tarde, para curarlo completamente, al instituto Pere Mata de Reus.

En 1907, completamente recuperado, el pintor ya había decidido que su terreno de trabajo era la naturaleza y no la ciudad, donde nunca más vivió. Del campo, su gente, la visión del paso del tiempo, las luces cambiantes, los huertos, los almendros floridos, los campos de avellanos, los habituales habitantes de los corrales, los cipreses y los campanarios de las iglesias y las ermitas de los pueblos, así como la diversidad de los colores de la tierra, los árboles y los matorrales pasaron a ser sus motivos preferentes. Un inmenso campo de estudio de los colores de los elementos naturales y de los cambios constantes de la luz se desarrolló de forma enérgica y apasionada en los lugares donde Mir vivió y pintó, así como en los paisajes catalanes que descubría para la pintura en las campañas pictóricas que organizaba. Primero, en el Camp de Tarragona, entre 1907 y 1914, vivió en los pueblos de Maspujols y L'Aleixar, desde donde pintó brevemente Montserrat por primera vez. En 1914 se trasladó al Vallès con su familia, donde vivió y trabajó en Mollet del Vallès y Caldes de Montbui hasta 1922, cuando a causa de su boda se estableció de forma definitiva en la villa costera de Vilanova i la Geltrú. Desde su magnífico domicilio, organizó salidas pictóricas a los lugares próximos, como Canyelles, Sant Pere de Ribes y Tarragona, y a lugares más lejanos y emblemáticos como el Montseny, Miravet d'Ebre, Montserrat (por sus pinturas de Montserrat y su amistad con el monasterio, los monjes lo consideraron el pintor de la Virgen), Andorra, la Costa Brava, Torroella de Montgrí y L'Estartit. Inmovilizado en Vilanova los años de la Guerra Civil, aprisionado por los vencedores, abatido, triste y acusando los síntomas de la enfermedad que lo llevaría a la muerte, todavía emprendió una última campaña pictórica, de nuevo al Montseny, a Gualba.

Cuando no se desplazaba, siempre encontró en Vilanova motivos de pintura: la playa a la llegada de las barcas cargadas de pescado, las pequeñas plazas y calles de su barrio del Hospital, sobre todo en tiempo de guerra, cuando no pudo salir de Vilanova, y de manera especial su casa, su jardín poblado de flores y de animales domésticos, de los que el pintor tuvo una notable población compuesta de gatos, perros, gallinas, perdices, pavos y guacamayos, que a menudo fueron protagonistas de sus cuadros.

Mir fue exponiendo su producción de forma regular, tanto en las salas de Barcelona como en los certámenes oficiales. Su actividad le mereció honores y reconocimientos, así como una gran popularidad. Hay que decir también que su influencia fue muy fuerte sobre diversas generaciones de pintores de paisaje, hasta el punto de que no se puede hablar de paisajismo catalán sin situar a Mir en su mejor momento.

Sin embargo, en su extensa producción encontramos momentos de una originalidad extraordinaria, especialmente en la obra realizada en Mallorca y continuada en el Camp de Tarragona, donde Mir confía su lenguaje expresivo a las manchas de color puro, al ritmo vertical de la pincelada, a la reducción notable de la pasta pictórica y a la ocupación casi total de la tela por la visión de la tierra, de manera que formas, figuras y espacio se integran en un conjunto insólito de manchas de color. Las etapas siguientes de la producción de Mir muestran los cambios generados por sus reubicaciones, pero mantienen la firmeza de la opción por el paisaje, la calidad y la riqueza del color, la seguridad de la pincelada y la energía del ritmo, aunque se ajustan más a la realidad de la naturaleza.

Librería

portada del libro

Pintura catalana. El Modernisme

Familia
Realidades
Género
arte
Tema
pintura
Autores
Francesc FONTBONA (coordinación), Miquel-Àngel CODES LUNA (colaboración)
AGOTADO

Exposiciones y actividades (selección):

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